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Despues de un tiempo más largo del que nos hubiera gustado apartado de este mundillo por problemas de salud hay que volver, o al menos intentarlo, a la normalidad. Nada mejor para ello que hacerlo en el mes vacacional por excelencia: agosto. Tenemos material para ello.

Se habla de fantasmas en antiguas instalaciones militares gaditanas, de un raro fenómeno paranormal en la calle San Luis de Sevilla, de apariciones en la carretera nacional 432, de un ser denominado “Wendigo” que devora seres humanos, de la Soerra de Grazalema, etc.

Como es natural en algo hay que centrarse. Nada mejor para ello que comenzar esta primera entrada –que esperemos sea la de la fuelta a la normalidad- que comentar algo sobre esos fantasmas de antiguas instalaciones militares.

En el folclore de muchas culturas son supuestos espíritus o almas desencantadas de seres muertos (más raramente vivos) que se manifiestan entre los vivos de forma perceptible, por ejemplo tomando una aoariencia visible, produciendo sonidos o aromas o desplazando objetos. Lo suelen hacer en lugares que frecuentaron en vida o en asociación con personas cercanas.

Lo publicado en prensa no aclara mucho y como siempre se habla de una determinada localización, como un abandonado cuartel de marinería, pero no se indica su localización. En concreto, de este caso, no hemos podido localizar a testigos y todo hace pensar que estamos ante un bulo.

En buque de la Armada Española hay casos documentados muy interesantes. Por ejemplo un expediente desclasificado ocurrido durante una misión de vigilancia en el que fue el submarino que más años estuvo en servicio en la Armada.

Existe algo ocurrido a bordo del antiguo Transporte de Ataque Galicia, que se encuentra a la espera de desguace, del que fui testigo en compañía de un buen amigo militar del que o daré por ahora su nombre. Entramos en una de las bodegas del buque donde se encontraban un grupo de infantes de marina realizando la práctica de la guija. En un momento determinado el vaso dijo que no quería continuar, que había algo que le incomodaba. Mi amigo le pidió al Cabo de infantería que preguntara que era. La respuesta: “el hombre de a estrella de David”. Posteriormente me enteré que desde hacía años mi amigo llevaba una cadenita de plaza al cuello con una estrella de David también de plata. Nadie a bordo, y ni siquiera sus amigos, lo sabían. Que cada uno obtenga sus propias conclusiones.

Esperemos tratar en la próxima entrada sobre la explicación dada a un supuesto ovni observado el pasado 19 de julio en las provincias de Cádiz y Granda.

Y como hemos comenzado el mes con eclipses, ilustremos la entrada con una de las muchas fotografías existentes.