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A pesar de haber transcurrido más de tres siglos desde las últimas incursiones aun se sigue recordando en Cádiz los distintos ataques piratas sufridos por la ciudad, siendo especialmente cruel el anglo holandés del año 1586; del cual existe un cuadro en la Casa de la Contaduría.

Al respecto me viene a la mente la expresión “cabrón”; y como el lector puede suponer perfectamente no me refiero al mamífero rumiante ovino de igual nombre. O al hombre que está casado con una mujer que le es infiel.

Pedro Hernández Cabrón fue un gran comerciante de esclavos, regidor de Cádiz, nacido en el seno de una familia prestigiosa y pudiente de la ciudad en la segunda mitad del siglo XV.

Los Reyes Católicos le nombran Almirante y desde ese momento trabaja a sus órdenes como corsario. En 1492, cuando expulsan de España a los judíos, arma una flota con más de 25 navíos para llevárselos que parte del puerto de Cádiiz con destino a Oran. Pero la verdad es que nunca llegaron a su destino. Su intensión era venderlos como esclavos.

Son muchas sus fechorías y desde entonces su segundo apellido fue derivando hasta el significado que hoy en día tiene.

Tal como hemos afirmado en muchas ocasiones siempre nos han interesado las leyendas marítimas gaditanas, a lo que debemos añadir que algunas expresiones también tienen su origen en la ciudad que nos vio nacer.

En las Puertas de Tierra de Cádiz existe una estatua que recuerda a este regidor de la ciudad, almirante gaditano, corsario y tratante de esclavos. Nada mejor que una de las imágenes que se supone es suya para recordarlo.