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Estigma, del latín stigna (mancha o picadura), puede tener distintos significados según nos refiramos a la biología, la medicina, la sociología o la religión. Desde el punto de vista la religión católica, los estigmas son las llagas o heridas que de forma milagrosa se producen en determinados santos o místicos.

Es la reproducción de la pasión y crucifixión de Jesucristo; ya que esas heridas suelen aparecer, por lo general, en pies y manos. La iglesia católica considera como primer estigmatizado a San Francisco de Asís, uno de los principales santos y místicos de esa religión. No obstante, existe otro caso documentado más antiguo que este aunque algo olvidado debido a la poca importancia para la religión católica de su protagonista. Me refiero a la Beata Maria de Oignies, beguina.

Las diversas confesiones cristianas consideran que los estigmas pueden ser divinas, bien por la intervención de Dios o del diablo, o causadas por el mismo sujeto que los porta, ya sea intencionalmente o por razones de origen psicológico o mental (la persona en cuestión es tan religiosa que su cuerpo espontáneamente desarrolla heridas parecidas a los estigmas, como reacción a sus procesos mentales).

Y, como no podía ser de otra forma, este tema también ha sido llevado al cine en varias ocasiones. Si no recuerdo mal, la última vez fue en el año 1.999 de la mano del director Rupert Wainwright. Su titulo: Stigmata. El Vaticano mando a un pequeño pueblo de Brasil al padre Andrew Kiernan al objeto de investigar una serie de rumores que hablan de unas estatuas que lloran sangre en una perdida iglesia.

Mientras tanto, la joven norteamericana Frankie Palge comienza a tener supuestos estigmas y Kiernan no tarda mucho en relacionar ambos casos. A pesar de poder estar ante un fraude o un problema mental, debido a que la joven se confiesa no practicante de la religión católica y de cualquier otra creencia. Hasta ese instante la iglesia solo estudiaba el fenómeno cuando se producía en devotos cristianos, rechazando de plano el resto de los casos.

Sobre esta película M. Torreiro en El País ha dicho: “vulgar operación comercial para unos, blasfemia para otros, en cualquier caso el filme resulta muy entretenido”.