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Con lo que respecta a la aviación en lo que llevamos de año se han producido tres accidentes que han merecido estar en las noticias durante algún tiempo. El primero de ellos, al que dedicamos una entrada en este blog, fue el avión malayo que se cree se estrelló sobre el Océano Indico; existiendo distintas teorías sobre lo que pasó.

Unos tres meses después otro avión se estrella en un lugar muy próximo a la frontera rusa. Fue por causa de un misil, discutiéndose actualmente si ese misil es de origen ruso o no. Como consecuencia de este acto en estos instantes se están imponiendo sanciones económicas por parte de Estados Unidos y la Unión Europea. Por último, tenemos un avión español que se estrelló por causas aún desconocidas en África, mientras se dirigía a Argelia.

El que desaparezca aviones en pleno vuelo y que no se vuelva a saber de él no es nada nuevo. En el año 1933 una aeronave española, denominada Cuatro Vientos, despegó del Aeropuerto de Sevilla con el objeto de realizar el mayor vuelo transoceánico de su época. Tras aterrizar en Cuba y despegar luego hacia México, su rastro se perdió para siempre.

Ocho años después surgió el mito, que aún perdura. Forma parte de las leyendas españolas y andaluzas.  El escritor e investigador español Manuel Ruiz Romero-Ballester sostiene que el apartado pudo estrellarse en la Sierra Mazateca, entre los estados mexicanos de Puebla y Veracruz, y que un grupo de indígenas había asesinados a los pilotos Barberán y Collar para robarles.

El caso es que nunca se encontraron restos del aparto ni los cuerpos de los dos pilotos españoles. Sirva estas líneas para rendir un sincero homenaje a los pilotos Barberán y Collar, cuya hazaña quedó eclipsada por el accidente.

Nada mejor que usar una fotografía, archivo de Diario de Cádiz, donde aparecen ambos pilotos junto al Cuatro Vientos para ilustrar la entrada.