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La moda o costumbre de dejar en las barandillas de un puente un candado, aunque parezca que no, es algo muy reciente. Surge en Italia y Francia y en muy poco tiempo recorre toda Europa.

El culpable de este verdadero quebradero de cabeza de los servicios de mantenimiento de tantas ciudades europeas es Federico Moccia, que en el año 2006 escribe la novela “Tengo ganas de ti”.

En ella un joven intenta convencer a su amada del amor que siente por ella con una leyenda. Existe un puente, de nombre “Milvio”, que está en Roma y cruza el río Tibes. En ese puente para demostrar los sentimientos al ser querido hay que colocar una cadena en el tercer farol del lado norte de ese puente, unir ambos extremos con un candado y tirar la llave a las aguas del Tibes. Significando esta acción que el amor es verdadero y eterno.

Al poco tiempo comenzaron a aparecer en las barandillas de los puentes italianos candados, después en Francia y en cuestión de días en el resto de Europa.

Esta costumbre, que ya es leyenda, ha sufrido cambios llegándose a afirmar que es de origen ruso y su significado es totalmente distinto al aquí expuesto.

El amor nada y es responsabilidad nuestra el mantener la llama encendida para que dure la eternidad de que se habla en la novela.

La leyenda ha llegado hasta aquí y, aproximadamente una vez al año, los operarios del ayuntamiento de la localidad donde vivo retiran los candados existentes en las barandillas de los puentes que cruzan el río Iro.

Hoy ilustraré esta entrada con una fotografía mía tomada esta mañana a uno de los candados existentes en el Puente Chico de Chiclana de la Frontera. Quizás en otro momento os vuelva a hablar de alguna otra costumbre o leyenda de esta localidad.